Un día entré en un asilo
y vi a un anciano llorando,
le escuché como decía:
Qué habré hecho yo de malo
para encontrarme en el mundo
tan solo y desamparado.
El viejito se decía:
No entiendo mi situación,
si yo luché por mis hijos
¿por qué por mí ellos no?
Las lágrimas le caían
y su boca enmudeció
le pregunté qué pasaba
y el pobre no contestó.
Se estaba muriendo de pena
y yo le di mi calor,
le dije: Ya no estás solo,
te acompaño en tu dolor.
Se apoyó sobre mi hombro
y en mi hombro se durmió,
no escuché queja ninguna,
su corazón se paró.

y vi a un anciano llorando,
le escuché como decía:
Qué habré hecho yo de malo
para encontrarme en el mundo
tan solo y desamparado.
El viejito se decía:
No entiendo mi situación,
si yo luché por mis hijos
¿por qué por mí ellos no?
Las lágrimas le caían
y su boca enmudeció
le pregunté qué pasaba
y el pobre no contestó.
Se estaba muriendo de pena
y yo le di mi calor,
le dije: Ya no estás solo,
te acompaño en tu dolor.
Se apoyó sobre mi hombro
y en mi hombro se durmió,
no escuché queja ninguna,
su corazón se paró.

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